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martes, 18 de diciembre de 2007

Receta para los mayores: Prevencion

En envejecimiento de la población trae consigo el aumento de las enfermedades crónicas y de las cifras de dependencia. Ante esta situación, la prevención y la detección precoz son los nuevos retos asistenciales. Según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dentro de 23 años habrá dos mil millones de personas mayores en todo el mundo, cifra que se habrá duplicado en 2050.

El 80 por ciento de esos individuos vivirá en países desarrollados. La principal receta recomendada por la OMS ante este panorama es la de invertir en la prevención y en la detección precoz de futuros problemas de salud. Y es que el gasto sanitario es un siete por ciento superior cuando, a las personas mayores de 65 años, se suma una discapacidad crónica. La adopción de hábitos saludables desde la adolescencia es una herramienta clave para solucionar este urgente reto. Así se ha puesto de manifiesto en el foro de debate Actividades de prevención en medicina geriátrica, organizado por la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (Semeg) y patrocinado por Sanofi Pasteur MSD, que se ha celebrado en Madrid. 'El sistema sanitario actual no está adaptado para la atención sanitaria de las personas mayores. Debería centrarse en la prevención de la dependencia', señaló Javier Gómez Pavón, secretario general de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y miembro del Servicio de Geriatría del Hospital de la Cruz Roja de Madrid. Por otra parte, Juan Antonio Avellana, jefe del Servicio de Geriatría del Hospital la Ribera, en Valencia, destacó que 'no es suficiente con prevenir la aparición de enfermedades en personas mayores. Hay que detectar precozmente las situaciones de fragilidad y el riesgo de dependencia'. Por qué, a quién y cómo El aumento de la longevidad de las personas trae consigo un incremento de las tasas de dependencia, que influye directamente en el aumento del gasto sanitario. Por ello 'es necesario adoptar medidas eficaces para retrasar la aparición y progresión de las enfermedades crónicas y evitar el deterioro funcional', apuntó Gómez Pavón. En cuanto a quiénes deben ir dirigidas estas medidas, 'hay que adaptar las actividades preventivas para cada tipo de paciente. Están los ancianos sanos, a quienes van dirigidas las principales acciones de prevención primaria: practicar ejercicio, evitar el alcohol y el tabaco, realizar una dieta adecuada, vacunarse periódicamente de la gripe y controlar los factores de riesgo cardiovascular', explicó Gómez Pavón. Para los mayores que padecen alguna enfermedad crónica, pero no son dependientes, hay que implantar la prevención primaria y la secundaria para detectar la enfermedad. 'Además hay que evitar que la patología les incapacite', explicó Avellana. Las personas mayores frágiles, con riesgo de dependencia, empiezan a sufrir alteraciones mínimas en su vida diaria por los síntomas geriátricos (caídas, incontinencia, falta de equilibrio). En este grupo hay que detectar de forma precoz el deterioro funcional a partir de criterios como la edad, el número de ingresos hospitalarios -deteriora a uno de cada tres ancianos- y la pérdida de memoria. En cuanto a los mayores dependientes con incapacidad transitoria o permanente, y los ancianos al final de la vida, se desarrollan programas multidisciplinares en unidades geriátricas de recuperación funcional, unidades de ictus, hospitales a domicilio y hospitales de día.

Fuente: Diario Médico

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